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Del sueño potencia al estado chatarra

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¿Qué es hoy Venezuela? Otrora potencia en el campo de los hidrocarburos y petroquímica; del hierro y el aluminio; el oro, y la energía hidroeléctrica. Ventajas a las cuales se le sumaban un desarrollo pesquero que ubicaba a Venezuela como cuarta potencia y a Cumaná como tercer puerto pesquero del mundo.

Qué es hoy de aquella Venezuela puerta estratégica de Sur América con el puerto de la Guaira, y el moderno aeropuerto de Maiquetía, en el cual pernoctaba los viernes, el supersónico Concord, para partir de regreso a Europa las mañanas sabatinas; por cierto Venezuela contaba con extraordinaria flota de modernos Dc9 para las rutas nacionales, y con los entonces modernos DC10, y los llamados «Colosos» de Viasa, para cruzar el Atlántico o movernos por sur, centro y norte América.

La nación pudo becar, con el sistema de becas Gran Mariscal de Ayacucho, a nuestros mejores estudiantes de todos los estados, para que se formaran en las mejores universidades europeas.

Ciertamente, pese a nuestra biodiversidad, maravilloso paisajes y clima no éramos atractivos al turismo internacional por cuánto nuestra moneda era fuerte. Los veraneantes estadounidenses, europeos y japoneses, motivado al cambio de divisas les era más económico pasear por México, Cuba, Brasil, Costa Rica, Dominicana, Marruecos; o Mayorca en el Mediterráneo…

No, en aquel momento definitivamente no era «económico» pasear en Venezuela. Hoy es otra realidad. Resultaría ultrabaratisimo venir. Bastaría un puñado de dólares o euros para recorrer el país y alojarse en lujosas suites. Sólo que la inseguridad, las dudas sobre las autoridades, y lo difícil de la situación país atenta contra esa y otras actividades. Aun cuando posiblemente será una opción, a futuro, generadora de divisas.

Hoy ese país en vías de desarrollo, con las ventajas enumeradas, no existe. Y no existe; no porque hayamos sido objeto de una invasión como lo fueron Vietnam, hoy potencia comercial asiática, o Kuwait, nación a la cual Irak le destruyó su industria petrolera, y en dos por tres se recuperó. Ni hemos sido bombardeados como fueron Irak e Irán, y Siria; y ahí están empujando sus economías. Son algunos de tantos ejemplos que padecieron conflictos bélicos; y no nos detendremos a señalar los modestos estados como Paraguay, Uruguay, Curazao, Aruba, Bonaire, Martinica, o Trinidad -Tobago, los cuales sin grandes pretensiones garantizan buenos estándares de vida para sus ciudadanos.

 Y simplemente se trata de eso. Una nación que se respete, que se valore, que se estime, trabaja por garantizar la alimentación, salud, educación y progreso de sus nacionales, y perfilar un desarrollo armónico y sustentable.

Lamentablemente, muy triste, terriblemente duro; hoy en nuestro país eso no lo percibimos así.

Hoy dolorosamente nos encontramos con un Estado, no hipertrofiado como acusaban en el pasado, no; hoy la realidad es que somos un Estado derruido, destartalado.

Hoy dolorosamente somos un país que pasó del subdesarrollo o de país de mediano crecimiento, a un país en condiciones de quiebra o estado chatarra.

De abrirse, hoy el país, a las inversiones del mundo, y estamos urgidos de ello, cualquier japonés jubilado de la Toyota u obrero brasileiro de Petrobras podrá montar un hotel y casino en Margarita, Falcón, en las costas de Aragua o Anzoátegui… ¿Y Sucre? No será atractivo por carecer de una vía que nos interconecte sin demora con el gran centro que es Caracas y su aeropuerto internacional en Maiquetía.

No sé trata de halagar el ego nacional, y menos el regional.

Nos duele. Claro que duele.  ¿Hoy cuánto vale Venezuela para una inversión? ¿Quién se arriesgará a invertir en Sucre? Sin autopistas. Sin buenos servicios. Mar contaminado. Hospitales desahuciados, cuerpos de auxilio y salvamento sin equipos de respuesta ante una emergencia. Alta criminalidad, y el agudo deterioro de los servicios.

Esto urge revisarlo.

Se trata de nuestro futuro.  Enderezamos el rumbo o seremos un estado chatarra.

Lcdo. Rafael Marín

Comunicador Social

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La grandiosidad de pendejadas

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Que en estos tiempos la distribución de gas en la Colonia Tovar sea una noticia transmitida por las televisoras nacionales, y que en el Mercado Municipal de Cumaná arresten a expendedores por no reconocer como válidos o rechazar los billetes de 50.000 bolívares, por una parte nos indica lo vago o poco criterio, en la actualidad, de lo que es informar a un país como Venezuela; y en el caso del papel moneda, nos indica el avance de la desnaturalización de nuestra sociedad.

¿Qué estamos valorando como información? ¿La distribución de gas? Que el ministro de Turismo inaugure una Corporación de Turismo en Cojedes; estado que no está calificado entre los destinos, ni cuenta con vocación turística; mientras, y que ironía, Margarita y Sucre sufren la quiebra del aparato turístico.

En Cumaná, la Ciudad Primogénita, otrora asiento de una impresionante flota pesquera, y una importante referencia turística ha visto arruinarse su red hotelera y de restaurantes; al extremo que, por señalar un caso, el céntrico hotel Mariño, luego de ser tomado como centro de reclusión para pacientes Covid, hoy permanece cerrado a la espera de ser devuelto a sus propietarios; así podemos señalar el otrora popular y bullicioso Mercadito, donde convergían propios y visitantes a degustar un suculento hervido, o un buen plato de pescado frito, o cuajado de pepitonas o cazón. Hoy en ese emblemático centro gastronómico apenas subsisten cuatro puestos.

Pero eso no es noticia. Hoy los noticieros de los grandes canales nacionales nos informan sobre la recuperación de una cancha en El Paraíso-Caracas; y en Cumaná sobre la sustitución, en la Urb. Brasil, de bombillas, aún con vida útil; o la noticia «relevante» trata de un operativo de vacunación para funcionarios públicos; mientras médicos, enfermeras, odontólogos, fisiatras, laboratoristas, camareras, camilleros, personal de cocina, aseadoras, conductores, vigilantes laboran encomendados al Altísimo. Y lo grandioso es que se alardea de vacunación gratuita como algo extraordinario o una gracia; cuando, en este país hemos vivido de vacuna en vacuna como una obligación y deber del Estado por la salud de la gente. Así hemos recibido el tratamiento contra el paludismo. La vacuna contra la poliomielitis, luego los refuerzos; la del sarampión, la rubiola, por señalar algunas; los tratamientos para hemofilicos, diálisis; el servicio de oncología con su bomba de cobalto. Recordamos los operativos gratuitos para cirugías de cataratas, ligaduras, y el servicio de odontología en primer piso del «Antonio Patricio de Alcalá», luego anulado para promover «Misión Sonrisa»…

Es negativo no tener memoria, así como sobredimensionar pasajes de cotidianidad, con el objetivo de disimular, tender cortinas que oculten las úlceras, el cáncer que crece y amenaza con metástasis… Santa Lucia cuide, aclare la vista del pueblo para que pueda mirar con claridad. Dios padre meta su mano poderosa, aparte tanta vacuidad e ilumine a nuestros dirigentes.

¡Soplan vientos de fonda!

Lcdo. Rafael Marín

Comunicador Social

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Derecho fundamental: La salud

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El artículo 25 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos reza: «Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuada que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica, y los servicios sociales necesarios».

En la anterior entrega lo señalamos en nuestra entrada al tema «Apuntes sobre la salud como DDHH». Hoy, por necesario divulgarlo, insistimos en el concepto o artículo de la Declaración Universal de los DDHH, por cuánto observamos que la salud, más allá de la alarma y medidas empujadas por la emergencia de la pandemia del COVID-19, no es de atención prioritaria.

Sí. Así lo percibimos. Notamos que nuestros gobernantes están dedicados a hacer de las paredes espacios pictóricos, y no es que eso sea malo, de ninguna manera; simular que sembrar unas palmas es una obra vital de preservación del ambiente, que colocar adoquines en una calles las convierte en bulevares, o invertir en modernas luminarias para barriadas de gente con hambre y sin capacidad de restituir calzado y vestimenta, o no tener con que desayunar, pretender que la estética pequeña burguesa es negativa no es mi intención.

Sólo que considero que la obra más importante de un gobernante sería garantizar la alimentación y con ella la salud de la gente del pueblo. Cuidar el cuerpo del hombre, el cual por cierto es templo de Dios. Decía Ali, el de no basta rezar, «La patria es el hombre», y agregaba «nuestro primer recurso natural no renovable».

Una vida que se pierde puede ser una familia, un conglomerado humano destruido…

Hemos aprendido, Dios permita que también lo internalicen los actuales gobernantes, que la salud no es asunto de retazos, remiendos. No es asunto que pueda relegarse para más tarde. La salud es de atención permanente, inmediata.

Existe la atención para las emergencias; se debe estar preparado para las eventualidades; y se programan y ejecutan los programas de prevención; y para ello se tienen los centros de salud y hospitalarios con dotación necesaria y personal médico y de enfermería adecuado… La atención a la salud no es una acción reactiva, espasmódica; de atenderla cuando sobren algunos bolívares, luego de gastar los presupuestos en camionetas, pintura, plazoletas, remedos de bulevares…

Creo necesario recordar, puesto que deben conocer que así es, o no son políticos de formación, estadistas. Que entre las obligaciones sociales del Estado, y el Estado es administrado por quien gobierna; se cuenta promover, crear condiciones para que la gente, los gobernados, podamos satisfacer nuestras necesidades particulares, como las de la familia, la comunidad en lo global.

Y me permito recordar, no es elucubración personal, que entre las obligaciones sociales del Estado, y frente al Estado está el gobernante es su misión y responsabilidad, la protección de la salud colectiva; la cual entre otros aspectos incluye la administración de los servicios de salud, y las medidas que deben garantizar un ambiente sano; así como el control de enfermedades con riesgo de propagación, es decir las infecciosas. 

En un Estado de Derecho y Justicia. Humanista, por no decir socialista, la salud debería estar garantizada de manera gratuita y equitativa, es decir que toda persona tenga la misma oportunidad de satisfacer su salud; al tiempo que se destinen esfuerzos en favor de los sectores de la población que presenten riesgos o se muestran más vulnerables. Ellos deben ser objeto de atención permanente y especial. No puede haber exclusión. Esto pudiéramos considerarlo criminal. Negar atención en salud a alguien o a un sector de la población; me atrevo a pensarlo como un hecho atroz. Un crimen, en tanto excluir a alguien o a un sector humano de lo protección de su salud es condenarlo a la muerte.

No soy legislador, ni jurisconsulto, apenas un opinador, un preocupado por como observo lo que sucede.

Insistimos: Es deber del Estado velar por la salud de la población, de la gente, sin distinción; y para cumplir con esta obligación el estado, y al frente de él se encuentra un gobierno, debe tomar medidas basadas en el principio de la salud como un bien público y no como un servicio o mercancía. Es un Derecho Humano.

Lcdo. Rafael Marín

Comunicador social

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Apuntes sobre la salud como DDHH

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Regularmente, en nuestra Venezuela, las denuncias sobre violaciones de Derechos Humanos (DDHH), especialmente por parte de dirigentes y organizaciones políticas se centran en señalar irregulares detenciones, privativas de libertad, muertes, y/o restricciones a las libertades de información y expresión.  

Y no está mal que estos casos como la detención la detención en Carúpano del dirigente magisterial Robert Franco, a quien trasladaron Caracas dónde lo mantienen irregularmente encalabozado.

Así pudiéramos enumerar una cantidad de casos de «detenidos«, como de medios clausurados u obligados, mediante políticas diseñadas en las alturas del poder, a cesar sus actividades. Pero el propósito es presentar algunos apuntes sobre la salud como DDHH.

 La Declaración Universal de los DDHH en su Art. 25 reza «Toda persona tiene derecho a un nivel de vida que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica, y los servicios sociales necesarios». Mientras la Constitución Venezolana en su Art. 83 determina: «La salud es un derecho social fundamental, obligación del Estado, que lo garantizará como parte del derecho a la vida…». Mientras la filosofía de la Organización Mundial de la Salud (OMS), sostiene, más allá de la ausencia de enfermedades, la salud se trata de un estado de completo bienestar físico, mental y social. Lo cual significa que la salud es un estado integral y no sectorial.

Entonces salud como un sistema integral en función de proteger al ser humano, a la familia, va desde lo elemental; lo cual es procurar salud física y salud mental adecuada de individuo, y de la sociedad en lo general.

Para lograr esto se requiere promover un medio ambiente sano, servicios básicos sanitarios, los cuales van desde suministro de agua potable, sistema de cloacas, y un servicio eficiente de recolección de desechos o basura.

Asimismo, el Estado ha de garantizar que la familia, entre otras necesidades, pueda lograr una alimentación completa y balanceada; y un sistema de seguridad social que cubra las necesidades básicas de la gente.

Importante resaltar que la Salud como DDHH cuenta con cinco excepcionales principios: Igualdad, lo cual significa que nadie puede ser discriminado en el disfrute de los servicios de salud.

Accesibilidad: Los beneficios del sistema de salud han de estar a disposición, y sin distinción, de toda la ciudadanía.

Gratuidad, se insiste en que el Estado tiene la obligación de garantizar la accesibilidad de los ciudadanos al sistema de salud; para lo cual el servicio de salud debe ser público y gratuito. De aplicar tarifas, tasar aportes, se estaría violando flagrantemente el DDHH a la salud.

Equidad: Para garantizar que se presta con justicia el servicio de salud, quienes están al frente del Estado han de tomar medidas o políticas que conlleven a que los sectores más débiles de la población tengan las posibilidades de recibir atención para su salud.

Participación: En el artículo 84 de la Constitución Nacional se establece que «La comunidad organizada tiene el derecho y el deber de participar en la toma de decisiones sobre la planificación, ejecución y control de la política específica en las instituciones públicas de salud…».

Cerramos este capítulo señalando que es responsabilidad del Estado velar por la salud de los ciudadanos; para ello quienes están al frente del Estado deben tomar medidas, bajo el entendido que, para garantizar la salud de la colectividad, se debe hacer una inversión social, por cuanto la salud es un bien público. Un bien público; no un servicio, menos una dádiva. Nuestros gobernantes deben revisarse, reflexionar y actuar en consecuencia.

Un pecado diluir el presupuesto en obras intrascendente y olvidar la salud de un pueblo. Se trata de la vida de la gente.

De nada valen fatuas ejecutorias si la salud de todo un pueblo está en riesgo.

Lcdo. Rafael Marín

Comunicador social

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