Venezuela, el país de grandes reservas petroleras, atraviesa una caótica realidad, y es que a la casi interminable lista de problemas sociales, económicos y políticos que arrastra hace años, se le suma un panorama cargado de incertidumbre producto de la agudización de la escasez de gasolina y por supuesto la gran repercusión que tiene está tragedia.

Una Pdvsa destruida por la incompetencia y la corrupción. Y un grupito de políticos que aspiran llegar al poder, cueste lo que cueste, de manera absurda apoyan sanciones económicas que para nada contribuyen a la reactivación del aparato productivo que exigen y claman los venezolanos.

Se acaba la gasolina en el país y en peligro de extinción el despacho de diésel, situación ocasionada por la posibilidad del cese de envíos por parte de petroleras internacionales, lo que se traduce en que no habrá transporte de alimentos, ni energía para los hospitales, ni termoeléctricas. Generará más agonía en la población y el detrimento de la nación.

Urge la necesidad de plantear una ruta sensata, entendimiento entre los actores sociales con el fin de buscar acabar el sufrimiento del ciudadano de pie, porque sin duda, las élites estarán protegidas. Hay que buscar evitar una mayor desgracia.

Francamente, todo esto sirve a la élite gobernante para evadir, aún más, sus responsabilidades y escudarse en ellas, teniendo en cuenta que la nula calidad de vida que hay es atribuible a quienes están en Miraflores, pero el afán de sacar a Maduro del poder no nos puede condenar al hambre y la muerte. Basta mirar a Cuba para hacernos reflexionar.

Víctor Federico González