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El arte social

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Cada vez que alguien me define la palabra “arte” se hace evidente la carga ideológica que este adjetivo endilga al sustantivo. Los artistas hacemos nuestro trabajo a sol y sombra, entre penurias, amor y militancia pura y lo seguiremos haciendo por los siglos de los siglos, mientras los que definen  al arte, son los teóricos,  los clasificadores, de aquellos que se erigen de manera unilateral  como jueces en cuestiones de gusto. Los pueblos, las sociedades, los grupos humanos seguimos  produciendo arte que se renueva cada cierto ciclo social. Si consideramos lo anterior como cierto, cabe aquí la pregunta: ¿Qué hay detrás de la definición “Arte social”?. Vamos a entrar en un terreno especulativo y no por eso menos riguroso ni cierto que otros terrenos más abonados de términos herméticos y olorosos a maestrías en lejanos países y a citas de revistas eruditas. Pero también debo reconocer que la respuesta a tal pregunta es temeraria y hasta vaga. Pudiera estar ante una afirmación absurda. Ya que considero de manera muy personal, que todo arte es social. Las manifestaciones artísticas son producto del espíritu humano y los y las humanas somos por naturaleza seres sociales y aquí coloco un simple ejemplo: Las vasijas y los tejidos Warao, la pintura corporal Wayuu o la cestería Kariña cumplen una perfecta función social como objeto de uso común y objeto de intención estética y sus creadores o hacedores cuentan con un maravilloso prestigio en el seno de sus comunidades.

 Aquellos artistas que militan el credo de la individualidad creadora y viven de museo, en galería y de “vernisage”, en marchantes, estos artistas individualistas transitan un sistema complejo, y por eso no menos fatuo, de intrincadas tramas sociales tejidas con finos hilos de relaciones culturales.

Desde el realismo socialista soviético, pasando por el muralismo mexicano y algunas de las experiencias sociales-artísticas del alemán Joseph Beuys, hasta llegar a los proyectos de plena inclusión de data reciente en Venezuela, todos han sido acciones y movimientos que fácilmente encajan en lo que se ha conocido como “Arte social”. Pero, si existe un “arte social”, debería existir un arte no social. ¿Pudiéramos llamarlo arte antisocial? O arte asocial. E insisto en mi afirmación, que al parecer es contradictoria a mi propia afirmación. “Todo arte es social”. Aun cuando sea expresión de un solo individuo, éste en ninguna faceta de su carrera artística está aislado de lo social. Podríamos deducir que la idea de arte social denota una práctica artística que vuelve a buscar sus raíces sociales que considera perdidas por su tránsito dentro de los sistemas mercantiles de intercambio que casi redujeron el arte sólo a su valor de cambio. No podemos olvidar que los movimientos artísticos llamados sociales no aparecieron de la nada, sino de un proceso socio político intenso, de un movimiento de pueblos emancipados y en lucha, emergieron de conmociones sociales que tuvieron suficiente contenido poético para exaltar los valores fundamentales del alma humana. A comienzo del siglo XX las vanguardias rusas y el muralismo mexicano, entre otros movimientos, vieron en las disciplinas artísticas una herramienta útil para arengar a las masas, para agitar los espíritus y reforzar las gestas históricas de esos pueblos. Claro está que los espíritus humanos emancipados buscan y llenan nuevos espacios y rebasan  la lógica pacata de las instituciones destinadas a promover las artes y las normas de dominación. Reconozco también que algunas individualidades artísticas “no asociadas” a ningún movimiento en particular, emprendieron batallas solitarias contra la guerra, contra la devastación del medio ambiente, contra la mercantilización deshumanizante de la sociedad en general y del artista en particular. Así que considero que  cualquier posición  artística por individual que esta sea,  parte de una pertinencia cultural y por ende está íntimamente ligada a procesos de socialización.

No encontramos hasta ahora ninguna manifestación artística que esté aislada o separada de lo social.

Sabemos sin embargo que la idea de “arte social” es un concepto con una fuerte impronta sociológica y marxista. Los artistas que creemos en el “arte colectivo” rechazamos el arte encapsulado en las instituciones y preferimos la calle, preferimos a aquellos observadores circunstanciales que de camino a su trabajo se encuentra con una acción que desordena por un momento su aburrida cotidianidad.

Así que, pudiéramos decir que el “arte social”, es aquel que hace énfasis en las relaciones horizontales entre espectador y creador, entre espectador e institución y que actúa desde la idea de asumir la creación artística como una gran creación colectiva que está sujetas a relaciones específicas de un espacio tiempo. El arte social entiende su posición dentro de la lucha de clases y toma partido en las gestas históricas de los pueblos. Para dar base a esta visión es necesario destruir y volver a construir

He sostenido la idea de que los museos y las galerías en su mayoría, siguen siendo espacios de legitimación de los fetiches de la cultura burgués. Por otra parte la calle alberga un complejo circuito de manifestaciones artísticas no reconocidas por algunas instituciones. ¿Esta lucha infinita sería acaso otra faceta visible de la proyección de la lucha de clases en el ámbito de las disciplinas artísticas?

Pero también existe el “arte huraño” (palabra que el diccionario de antónimos da como contraria a social o sociable) sería aquel que se auto satisface dentro de su reducido círculo de aduladores. Que desconoce su espacio tiempo y se convierte en pálida imitación de productos artísticos que se han originado de relaciones sociales muy diferentes.

Este “arte huraño” funciona bajo un “sistema colonial” de imposiciones estéticas. Este sistema del “arte huraño” o sea no social, es la máxima representación del arte que emana de las relaciones sociales burguesas de dominación.

Cuando las clases excluidas se emancipan, todos estos sistemas se alteran y se reacomodan. Y comienza un nuevo capítulo donde se desdibuja el papel dominante de las instituciones. Los artistas ungidos e intocables se sienten amenazados ante la horizontalización de las relaciones, la democratización de la educación y el cuestionamiento sistemático de esta modalidad huraña de pandillas iniciadas que se consideraban dueñas de los ámbitos artísticos.

Queda demostrado que los “artistas huraños” que tanto han defendido el carácter apolítico del arte son soldados furibundos de una visión política excluyente, segregatoria y que ejerce un poder omnímodo e inconsulto sobre la sociedad. Las instituciones socialistas relacionadas a las prácticas artísticas están llamadas a profundizar los cambios que el pueblo emancipado está proponiendo, porque los pueblos emancipados no esperan.

La burocracia cultural debe dar paso al huracán de la historia y no intentar infructuosamente de encapsular las manifestaciones antes de dar un paso definitivo apoyo y acompañamiento al arte social que emana de las relaciones entre el pueblo y el creador.

Se comienzan a abrir tímidamente las grandes alamedas por donde transitará el hombre y la mujer libre. Y hoy en Venezuela y por supuesto, en el estado Sucre somos protagonistas de este huracán cultural y las cosas que han de hacerse se harán a mano y sin permiso.

Roger Gamboa

Artista plástico

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El arte y los niños

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“…jugar es expresión del espíritu infantil… Sólo los que hemos tenido la dicha de construir nuestro propio trompo, nuestro propio papagayo para verlo elevarse sobre el viento, podemos medir el sentido y alcance que tiene construirse un mundo para vivir en él.“

 (Prieto Figueroa, 1996)

Cuando usted ve a un niño que dibuja o pinta en las paredes de su casa, no está ensuciando esa pared, que usted acaba de pintar, está “haciendo arte”, al igual que cuando juega con “charco” es posible que usted piense que es algo trivial, algo mecánico sin mayor trascendencia, y quizás hasta le moleste, “cosas de niños traviesos”, dirá usted. Pero esto no es tan sencillo. Esta actividad tan simple para muchos y travesuras para otros,  genera una respuesta química en su pequeño cerebro de su niño o niña. Al igual que  las actividades lúdicas, las artes, en cualquiera de sus manifestaciones, para el ser humano, en especial para los niños y niñas, son la mejor posibilidad de integrar la unidad, conexión e intercambio entre los dos hemisferios del cerebro humano: el lado derecho (emotivo, lúdico e imaginativo), y el lado izquierdo (más racional, más cognoscitivo); tan simple como eso.

Los que de alguna manera hemos trabajado desde hace muchos años en la enseñanza de alguna manifestación artística con niños, niñas y adolescentes sabemos que el arte promueve la capacidad creativa y ayuda en el proceso de desarrollo de la autoestima, la motivación y la disciplina. Participar en actividades artísticas ayuda a los niños a respetar otras maneras de pensar, a la vez que les da herramientas para resolver sus propios problemas y para comunicar sus pensamientos e ideas en diferentes formas.

El arte, como ya hemos dicho, en cualquiera de sus manifestaciones, es de vital importancia en la educación, por ser generador del desarrollo de la expresión creativa natural que todo ser tienes desde el mismo nacimiento, además estimula desde muy temprana edad valores sociales y genera nuevas formas de aprender las “materias formales” como las matemáticas, literatura y hasta las más humanistas,  como la historia y geografía. También, contribuye en la reorganización emocional y su práctica en niños o niñas con problemas de atención, supervisados de manera adecuada, sirve para detectar situaciones que ameriten supervisión  especializada, e incluso se ha comprobado que es sanador de ciertos padecimientos orgánicos.

La experiencia también no dice que a través de las artes visuales (pintura, escultura, fotografía, arquitectura, dibujo, etc.) los niños, niñas y adolescentes,  manifiestan ideas, experiencias, sentimientos y formas de interpretación no sólo de una realidad específica, sino de mundos imaginarios, estimulando su creatividad y el sentido de la originalidad.

 En la educación formal, desde la primera etapa de aprendizaje, hasta el último año de bachillerato,  el arte tiene la finalidad de introducir al educador y al educando en la fascinante tarea de la creatividad, la sensibilidad, la apreciación artística, el conocimiento histórico y la expresión, factores que deben, si son canalizados de forma adecuada,  contribuir al desarrollo de un espíritu creativo y socia de todo individuo. Esta norma no se cumple de la manera que debe ser, pues las direcciones de educación a nivel nacional no colocan al personal adecuado para dictar esta “materia” por no considerarla de importancia para el desarrollo intelectual del educando.

El arte para un niño o niña de muy corta edad, solo  significa un medio de expresión. es un juego que realizan de manera natural, donde sin ninguna restricción vuelcan sus experiencias, emociones y vivencias en el soporte o papel que tengan a su alcance, hasta las paredes, las mesas, los pupitres,  por tal razón necesitan a alguien que los guie, de manera sencilla, sin explicaciones académicas complejas, para  que estimulen  sus habilidades y destrezas en la aplicación de líneas y formas, conocimientos del color y sus aplicaciones . Así descubriremos que el niño se expresa gráficamente con más claridad que en forma verbal, siendo una actividad de la que disfrutan enormemente. Son muchos los programas que existen a nivel mundial en escuelas y otro tipo de instituciones de cultura, museos y  galería en los cuales se emplea el arte como una herramienta para que los estudiantes regulares sus  discapacidades físicas o intelectuales y de forma natural desarrollen diversas capacidades en su proceso cognitivo y evolutivo. Por lo tanto es necesario capacitar constantemente al maestro artista visual  para que sirva de guía a estos niños y niñas que tengan inclinación hacia alguna manifestación artística, pero, que presenten  limitaciones motoras o emocionales

En este sentido, en algunos museos y galerías de del estado Sucre  y de toda Venezuela, el educador de aula y/o el educador de museo es el adulto entrenado en las artes, con una vasta experiencia artística que tiene como tarea estimular a desarrollar todas sus capacidades creativas y así su inserción en la sociedad como una ser de pensamiento libre y consciente.

En Cumaná y en toda Venezuela, a lo largo de muchos años, hemos construido herramientas en pedagogía, sobre todo en artes visuales, que se han convertido en eficaces experiencias pedagógicas con niños, niñas, jóvenes, adolescentes y hasta adultos. Pero aún falta mucho por hacer, mucho camino que recorrer para descubrir que el arte es vida y contribuye a mantener la paz espiritual en todos los seres humanos y por supuesto, en su entorno.

Roger Gamboa

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