"Desgreñada"... pero bella - Centenofm
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Opinión

«Desgreñada»… pero bella

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Cumaná: la Primogénita del Continente Americano, la Sultana del Manzanares, la Mariscala y marinera, la Cumaná cumanesa que el cuatro besa en su galerón, la cuna del Gran Mariscal de Ayacucho; siempre fue catalogada como la «Cenicienta» de Venezuela. 

Nuestra «tierra de gracia», aún con ese título (La Cenicienta) que recuerda la obra de WaltDisney, no siempre fue maltratada por sus gobernantes. Hubo una época que la ciudad fue engalanada con prestigiosas universidades, hoy destrozadas, dos zonas industriales actualmente en ruinas, modernos edificios, hermosos centros comerciales, plazas como la Bolívar, Junín (desaparecida recientemente), Pichincha, Generalísimo Francisco de Miranda, General Santiago Mariño, los puentes de la Mariño, Gómez Rubio, Raúl Leoni, Gonzalo de Ocampo, un moderno Mercado Municipal, plantas de conservas de alimentos  (Productos Mar, Caip, Gaviota), templos religiosos, hospitales, puertos y aeropuertos; entre muchas otras obras.

Además de estas estructuras construidas por la mano del hombre, creo que pocas son las ciudades bendecida por Dios con abundantes recursos naturales. Las mejores playas están en Cumaná, hermosos ríos como el Manzanares que atraviesa la ciudad, San Juan, manglares, especies marinas de todo tipo, pulmones vegetales como el Parque Guaiquerí y Ayacucho.

Cumaná iba rumbo a convertirse en una gran metrópolis como la soñaba nuestro apreciado amigo, ya desaparecido, Jesús Antonio Meaño Silva, el recordado «Mazita«. La Cenicienta iniciaba su etapa de esplendor con la construcción de la autopista Cumaná-Barcelona. Pero la autopista un fatídico día se paró y con ella el desarrollo de la tierra que vio nacer a Andrés Eloy Blanco Meaño.

Hoy la ciudad no es ni la sombra de lo que fue hace más de veinte años. Se encuentra descuidada por quienes la «desgobiernan«. Oscura, hedionda y sucia, su gente muriendo de sed y hambre. Así se encuentra ante la indiferencia de malos gerentes. Por lo menos las últimas tres administraciones regionales y municipales. Pareciera que hay algún interés en mantenerla en tinieblas. Con todas las calles llenas de basura y las aguas putrefactas corriendo a sus anchas.

Prometieron hacer de Cumaná una «ciudad bonita». Ella por sí misma es bella, «desgreñada» pero bella. Sólo espera que todas sus calles y avenidas en las noches se llenen de luz. No creo que se requiera una millonaria inversión para implementar un amplio programa de alumbrado público. Tiene años esperando un moderno sistema de drenaje de aguas servidas. La actual red de cloacas hace un buen tiempo colapsó. La ineficiencia en la recolección de los desechos sólidos mantiene los cuatro puntos cardinales abarrotados de basura. Muchos sectores no les llega el agua regularmente y la bolsa del Clap alcanza máximo para tres días.

La Primogénita está harta de promesas. Los cumaneses esperan hechos, no palabras. Los gobernantes deben pasar de las palabras, que se lleva el viento, a la acción. No podemos engañarnos ni engañar a los demás «adornando» el frente de la casa cuando en su interior reina el caos.

¡Ay, Cumaná quién te viera con gobernantes que realmente te valoren y te quieran!

Manuel Figueroa Véliz

Abogado, Comunicador Social y profesor universitario.

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El arte social

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Cada vez que alguien me define la palabra “arte” se hace evidente la carga ideológica que este adjetivo endilga al sustantivo. Los artistas hacemos nuestro trabajo a sol y sombra, entre penurias, amor y militancia pura y lo seguiremos haciendo por los siglos de los siglos, mientras los que definen  al arte, son los teóricos,  los clasificadores, de aquellos que se erigen de manera unilateral  como jueces en cuestiones de gusto. Los pueblos, las sociedades, los grupos humanos seguimos  produciendo arte que se renueva cada cierto ciclo social. Si consideramos lo anterior como cierto, cabe aquí la pregunta: ¿Qué hay detrás de la definición “Arte social”?. Vamos a entrar en un terreno especulativo y no por eso menos riguroso ni cierto que otros terrenos más abonados de términos herméticos y olorosos a maestrías en lejanos países y a citas de revistas eruditas. Pero también debo reconocer que la respuesta a tal pregunta es temeraria y hasta vaga. Pudiera estar ante una afirmación absurda. Ya que considero de manera muy personal, que todo arte es social. Las manifestaciones artísticas son producto del espíritu humano y los y las humanas somos por naturaleza seres sociales y aquí coloco un simple ejemplo: Las vasijas y los tejidos Warao, la pintura corporal Wayuu o la cestería Kariña cumplen una perfecta función social como objeto de uso común y objeto de intención estética y sus creadores o hacedores cuentan con un maravilloso prestigio en el seno de sus comunidades.

 Aquellos artistas que militan el credo de la individualidad creadora y viven de museo, en galería y de “vernisage”, en marchantes, estos artistas individualistas transitan un sistema complejo, y por eso no menos fatuo, de intrincadas tramas sociales tejidas con finos hilos de relaciones culturales.

Desde el realismo socialista soviético, pasando por el muralismo mexicano y algunas de las experiencias sociales-artísticas del alemán Joseph Beuys, hasta llegar a los proyectos de plena inclusión de data reciente en Venezuela, todos han sido acciones y movimientos que fácilmente encajan en lo que se ha conocido como “Arte social”. Pero, si existe un “arte social”, debería existir un arte no social. ¿Pudiéramos llamarlo arte antisocial? O arte asocial. E insisto en mi afirmación, que al parecer es contradictoria a mi propia afirmación. “Todo arte es social”. Aun cuando sea expresión de un solo individuo, éste en ninguna faceta de su carrera artística está aislado de lo social. Podríamos deducir que la idea de arte social denota una práctica artística que vuelve a buscar sus raíces sociales que considera perdidas por su tránsito dentro de los sistemas mercantiles de intercambio que casi redujeron el arte sólo a su valor de cambio. No podemos olvidar que los movimientos artísticos llamados sociales no aparecieron de la nada, sino de un proceso socio político intenso, de un movimiento de pueblos emancipados y en lucha, emergieron de conmociones sociales que tuvieron suficiente contenido poético para exaltar los valores fundamentales del alma humana. A comienzo del siglo XX las vanguardias rusas y el muralismo mexicano, entre otros movimientos, vieron en las disciplinas artísticas una herramienta útil para arengar a las masas, para agitar los espíritus y reforzar las gestas históricas de esos pueblos. Claro está que los espíritus humanos emancipados buscan y llenan nuevos espacios y rebasan  la lógica pacata de las instituciones destinadas a promover las artes y las normas de dominación. Reconozco también que algunas individualidades artísticas “no asociadas” a ningún movimiento en particular, emprendieron batallas solitarias contra la guerra, contra la devastación del medio ambiente, contra la mercantilización deshumanizante de la sociedad en general y del artista en particular. Así que considero que  cualquier posición  artística por individual que esta sea,  parte de una pertinencia cultural y por ende está íntimamente ligada a procesos de socialización.

No encontramos hasta ahora ninguna manifestación artística que esté aislada o separada de lo social.

Sabemos sin embargo que la idea de “arte social” es un concepto con una fuerte impronta sociológica y marxista. Los artistas que creemos en el “arte colectivo” rechazamos el arte encapsulado en las instituciones y preferimos la calle, preferimos a aquellos observadores circunstanciales que de camino a su trabajo se encuentra con una acción que desordena por un momento su aburrida cotidianidad.

Así que, pudiéramos decir que el “arte social”, es aquel que hace énfasis en las relaciones horizontales entre espectador y creador, entre espectador e institución y que actúa desde la idea de asumir la creación artística como una gran creación colectiva que está sujetas a relaciones específicas de un espacio tiempo. El arte social entiende su posición dentro de la lucha de clases y toma partido en las gestas históricas de los pueblos. Para dar base a esta visión es necesario destruir y volver a construir

He sostenido la idea de que los museos y las galerías en su mayoría, siguen siendo espacios de legitimación de los fetiches de la cultura burgués. Por otra parte la calle alberga un complejo circuito de manifestaciones artísticas no reconocidas por algunas instituciones. ¿Esta lucha infinita sería acaso otra faceta visible de la proyección de la lucha de clases en el ámbito de las disciplinas artísticas?

Pero también existe el “arte huraño” (palabra que el diccionario de antónimos da como contraria a social o sociable) sería aquel que se auto satisface dentro de su reducido círculo de aduladores. Que desconoce su espacio tiempo y se convierte en pálida imitación de productos artísticos que se han originado de relaciones sociales muy diferentes.

Este “arte huraño” funciona bajo un “sistema colonial” de imposiciones estéticas. Este sistema del “arte huraño” o sea no social, es la máxima representación del arte que emana de las relaciones sociales burguesas de dominación.

Cuando las clases excluidas se emancipan, todos estos sistemas se alteran y se reacomodan. Y comienza un nuevo capítulo donde se desdibuja el papel dominante de las instituciones. Los artistas ungidos e intocables se sienten amenazados ante la horizontalización de las relaciones, la democratización de la educación y el cuestionamiento sistemático de esta modalidad huraña de pandillas iniciadas que se consideraban dueñas de los ámbitos artísticos.

Queda demostrado que los “artistas huraños” que tanto han defendido el carácter apolítico del arte son soldados furibundos de una visión política excluyente, segregatoria y que ejerce un poder omnímodo e inconsulto sobre la sociedad. Las instituciones socialistas relacionadas a las prácticas artísticas están llamadas a profundizar los cambios que el pueblo emancipado está proponiendo, porque los pueblos emancipados no esperan.

La burocracia cultural debe dar paso al huracán de la historia y no intentar infructuosamente de encapsular las manifestaciones antes de dar un paso definitivo apoyo y acompañamiento al arte social que emana de las relaciones entre el pueblo y el creador.

Se comienzan a abrir tímidamente las grandes alamedas por donde transitará el hombre y la mujer libre. Y hoy en Venezuela y por supuesto, en el estado Sucre somos protagonistas de este huracán cultural y las cosas que han de hacerse se harán a mano y sin permiso.

Roger Gamboa

Artista plástico

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Churuata Cultural

Los carnavales en Pedregales

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Hace diez mil años antes de Cristo, hombres, mujeres y niños se reunían en verano con los rostros enmascarados y los cuerpos pintados para espantar a los demonios de la mala cosecha. Los orígenes del carnaval se consiguen como una de las más antiguas celebraciones de la humanidad, tanto como las Fiestas Egipcias que homenajeaban a la diosa Isis o al Toro Apis. Los griegos festejaban con grandiosidad las Fiestas Lupercais y Saturnais y celebración del regreso de la primavera, que simboliza el Renacer de la Naturaleza. Más pronto todos concordaron que las grandes fiestas como la del carnaval estaban asociadas a fenómenos astronómicos o a ciclos naturales

El rumor avanzaba muy raudo. El pueblo tenía hinchado de alegría el corazón al sentir sonar en voces agradables la palabra mágica de carnaval. Aparecían los rollos de serpentinas, las pichas, hoy caramelos, los papelillos, las bombas, los pitos, las matracas, las máscaras y el steell band de los Millanes. La chiquillería competía diariamente para ver quien recogía más pichas y golosinas y luego comparar por la cantidad acumulada la viveza personal. Recuerdo que Robert, bautizado por nosotros como “La pellá de Yuco” se lanzó agallúo en la búsqueda de unas pichas que había zumbado una reina, en momentos que “Julio Berraco” también lo hacía y Robert involuntariamente le metió la cabeza en la clavícula a Julio y se la fracturó.

La gente se esmeraba en crear buenas carrozas y excelentes comparsas que demostraban la habilidad mental de los participantes. En los escasos bares de Pedregales sonaba la música carnestolenda: calipsos, zambas, música alegre, merengues margariteños, colombianitas bailables y ritmos variados. Las sinfonolas renovaban su repertorio adaptándolo a la época festiva. Billo’s Caracas Boy’s grababa su paquete musical para ponerlo al servicio del consumo nacional y para exportarlo. Hablando de carnaval / como se acerca febrero / a todos mis compañeros / un consejo voy a dar. Las personas casi no dormían maquinando la preparación de comparsas que cumplieran con las expectativas soñadas, basadas en el ingenio colectivo. Había concursos, premios, juegos, piñatas y regalos. Recuerdo que Alberto Fernández y un grupo de amigos sacaron una comparsa llamada “Los Capa Negra”. Capa Negra es un brandy que para esos tiempos tenía bastante demanda por su exquisito sabor y su poder afrodisíaco, por eso a ellos se les ocurrió construir una comparsa con esa etiqueta. Cada hombre tenía una capa negra terciada encima que era sacudida y echada a la cabeza al pasar por las casas.

Que belleza es recordar la tradición de nuestra querida tierra que jamás será desplazada y que para nosotros queda sembrada en el corazón con tinta indeleble. Perpetúo las palabras atinadas de Eduardo Vásquez Cárdenas, locutor N° 141 quien decía: “Margarita en donde es dulce hasta la sal, Margarita… qué belleza”. Comenzaba a sonar la canción “Que me coma el tigre” con Nelson Díaz, el colombiano, tema musical que le daba la legitimidad y bienvenida a los carnavales. Hermosa década del 70, el paquete de caramelos costaba “la vuelve nunca” cantidad de cuatro (4) bolívares y algunas bodegas grandes lo vendían a tres cincuenta (3.50). Las pichas más cotizadas la conformaban las de chocolate, café, vaca vieja y las inolvidables saca muelas.

Los carros atravesaban los pueblos lanzando sin escrúpulos golosinas fascinantes, era una bonita tradición montar a las reinas en la parte delantera de los carros. Los vehículos eran adornados con serpentinas, bambalinas de colores, luces y variados motivos antruejos. El chofer debía ser una persona seria y muy responsable para asumir tan ambicioso compromiso. En la actualidad hay mucho carro nuevo, de fibra de vidrio y latón frágil que al montar a una persona de peso se hunde y se le raya la brillante pintura. Se recomienda un carro viejo. Los pueblos querían con bastante deseo aportar su sabiduría para que la fiesta tuviese suficiente color.

Los adolescentes se disfrazaban de negritas (los muchachos) para poder entrar sin problemas a los bares a bailar y a pedir su contribución. Rebobino otra canción que estuvo varios carnavales de moda en el bar “Villa Polar” de Agustín Figueroa, que decía así: “Que sabrosos y hermosos carnavales / brinca y salta con el mismo compás / las carrozas adornando las calles / y las reinas saludan al pasar /”.

Pero el centro poblado tuvo un verdadero líder en materia carnestolenda, un trabajador social a tiempo completo, pragmático, dispuesto y organizador de las fiestas de febrero. Me refiero a Don Heriberto Azugaray, hombre que se dedicaba se sol a sol a planificar las actividades de la fecha festiva. Este “caballero emprendedor” botuteaba por todas las comunidades aledañas a Pedregales en su camioneta la programación elaborada. Su canción preferida “Que me coma el tigre” sonaba hasta el cansancio. Era la cortina musical para el perifoneo de recorrida. Cerraba la calle principal de Pedregales y mandaba a decorar las casas, en estas casas colocaban en frente personajes sentados en sillas, tures o mecedoras, vestidos con fluxes viejos, cómicos guiñapos o con un partó desteñido y le colocaban algún mensaje escrito con palabras satíricas o jocosas dedicadas a alguien del pueblo. Las bandas de acero afinaban su instrumentación y tocaban sabrosas canciones de actualidad. Había un Stell band de unos amigos de la urbanización Tari-Tari (Los Millanes) que lo hacían bien. Su director pertenecía al personal de la Banda Ciudadana, tiene por nombre Luis Córdova, buen ejecutante de la pana líder. Ejecutaban los instrumentos con sobrado entusiasmo. “Cheché el de Pusuca” decía que en carnaval cualquiera pareja baila porque el baile es cada uno por su lado, es decir, suelto, despegado, no hay problemas con dar un traspié. “Gilberto Mata y la Chiricoca” (nuestra apreciada Chabela) se defendían de la invasión musical, “Llanito el de Justa” se vestía de blanco y bailaba con “Mayito la de Felipa”, su pareja estelar, el tema musical “abajo en la esquina”.

Se recorrían todos los pueblos adyacentes para lucir: carrozas, comparsas, disfrazados, simulaciones, trajes, reinas, grupos musicales. “Chica la de Margot” se robaba el show al montarse sobre un gigantesco camello, animal que representaba su carroza. Este camello mostraba al público, con bastante similitud, sus partes genitales. Con este estrambótico mamífero rumiante, típico de Asia Central se ganó Pedregales un premio especial. Lo construyó el artesano Freddy el de Boca de Monte. Desde Las Cabreras hasta Pedregales venían recorriendo la vía principal los viejos “Mamarrachos” invento de Heriberto Azugaray. La gente esperaba en las puertas de sus casas a los mamarrachos y luego se incorporaban al grupo de disfrazados para arribar un bululú de personas al sitio de concentración que era en frente de la casa de Heriberto. En esa caminata usted se daba vida viendo todo tipo de disfrazado compartiendo la algarabía carnavalesca.     

Por las calles deambulaban los disfrazados reclamando su contribución, además repartían palo a los echadores de broma, su mecanismo de defensa era un palo que llevaban para protegerse de los “mamadores de gallo” y de otras personas que intentaban quitarle la máscara para descubrir al personaje. La canción “abajo en la esquina”, “el cable” de Mario Cornielli y “que me coma el tigre” incitaban al movimiento corporal. El juego de carnaval comenzaba con agua limpia y luego se intensificaba, se usaba pintura de labio, pintura doméstica, esencias extravagantes y un polvo con una característica particular. La persona que fuera alcanzado por ese polvito se ponía oloroso o pestilente a trabajadora sexual, término novedoso que se utiliza para definir a las mujeres que comercian con su cuerpo.

Había concursos de todo tipo, se desfilaba cuatro (4) días consecutivos. En la octavita había premios para la mejor carroza y la comparsa más creativa. Con el devenir del tiempo apareció un premio especial para el traje individual más hermoso. El Puertorriqueño José Miguel Class interpreta un tema llamado “Frente a frente”, en la letra, este cantante refiere, que la mejor época del año siempre ha sido un carnaval. Es lastimoso que desde hace unos años para acá han surgido organizaciones para planificar el Carnaval de la Isla de Margarita, en Porlamar un grupo de personas diligencian todo, en Juan Griego otra gente, se han logrado cosas pero se habló de corrupción administrativa y tráfico de influencias en la entrega de los premios. Es un carnaval en dos toletes: Del Portachuelo para arriba y del Portachuelo para abajo. Existe una matazón por los cargos de la Junta Directiva, por algo será.

Hoy recordamos con sumo cariño y entusiasmo margariteño, al compai Heriberto Azugaray y sus carnavales en Pedregales, su organización tan impecable, lógicamente la recordatoria de los “Mamarrachos” ingenio muy bien conducido por él, por cuanto la participación era masiva. Este año 2.018 se le debe rendir un merecido y cálido homenaje a este pedregalero, felicito también la iniciativa de revivir esa vieja tradición. Esperamos que cada año se incremente el entusiasmo, de no ser así tendremos que acudir otra vez a los Carnavales de Juan Griego. Que vivan los carnavales y los mamarrachos de Pedregales.         

Dr. José Gregorio Figueroa

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Historias de mi Tierra

Carnaval en Venezuela

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No hay duda que el Carnaval constituye una de las festividades más multiculturales, por sus orígenes y por sus variedades dentro de la cultura occidental.

La palabra proviene del italiano carnevale; compuesto por los vocablos latinos caro-carni, que significan cenizas y carne, y el verbo vale, (aliviar, quitar de encima). Esto define a lo que conocemos como los 3 días antes de la cuaresma, para dar paso a la Semana Santa.

Hoy en día, en específicas áreas de Venezuela, todavía se siguen organizando grandes festividades en torno a ellos, que las hacen propias de su zona y de su cultura.

Carnaval del Callao

El Callao uno de los carnavales más importantes de Venezuela son los que se celebran en el pueblo minero sureño el Callao. El despliegue de trajes y lo diferencian del resto del país, debido a la influencia de culturas británicas, holandesas y caribeñas que coexistieron allí, por motivo del trabajo de las minas.

La palabra Calipso proviene del personaje de la mitología griega Calipso, una ninfa que por su belleza y atributos femeninos no pudo lograr convencer a Ulises de dejar a su familia y a sus raíces. Por lo que este ritmo musical, propio de el Callao simboliza arraigo a los orígenes. Se realiza un desfile de vestuarios y bailes, que acompañan a los músicos. Entre ellos tenemos a las famosas madamas que se inspiran en las matronas de los carnavales de las islas de Guadalupe y Martinica.

También encontramos a las mujeres de las comparsas con sus trajes coloridos y vistosos, a los diablos y a los mamarrachos. El personaje más famoso es la negra Isidora, la reina del Calipso.

Como instrumentos musicales se presentan los pitos, cascabeles, maracas, charrascas y su tambor por excelencia el Bumbac. Sus letras son una fusión del español con el dialecto que hablan en las islas y el proveniente de Nigeria y Seneca, el Kaico.

El Carnaval de la Hamaca

Esta celebración toma lugar en Puerto Cabello. Su origen proviene de Holanda y de Curazao, por lo que aquí también se dieron intercambios socio-económicos. Se presentan procesiones, dramatizaciones, batallas de palos y se termina con una fiesta al ritmo de tambores.

“Se inicia el lunes de carnaval en la noche, con la simulación del Velorio, después de un paseo por el pueblo con la Hamaca, que es colocada en la esquina de la Cruz…a su alrededor se ponen numerosas velas encendidas. En el lugar se reúne la comunidad, se tocan tambores, charrasca y cachos, y se comparten brindis…El día martes…sale La Hamaca, en hombro de las mujeres (que son hombres disfrazados) …y hacen dramatizaciones en las que expresan dolor…Los apuntadores-hombres o mujeres-repiten rítmicamente: ahí viene el muerto, ahí va La Hamaca…mientras el grupo acompañante baila al compás de la música….Luego, los hombres inician un simulacro de batallas con palos…que termina cuando las mujeres los invitan a bailar tambor”

Daria Hernández, Cecilia Fuentes. Fiestas tradicionales de Venezuela. Fundación Bigott, pg. 181

El Entierro de la Sardina

Carnaval en el litoral central y la costa mirandina, se celebra lo que es conocido como el Entierro del Carnaval, que es el Miércoles de Ceniza.

“Es una de las tradiciones festivas de mayor participación en Naiguatá… Algunos preparan afanosos las andas de la sardina, en una estructura de madera adornada con palmas… en el centro se coloca la figura de la sardina en anime o cartón…A las 4pm estarán listos para iniciar el recorrido de las calles… (El cortejo lo encabezan el monaguillo, el sacerdote, el diablo, la policía, la Burriquita, la unidad de televisión, las viudas y la reina que son hombres disfrazados)… La celebración se inicia con el Velorio…cuando colocan una sardina en la urna…Músicos y pobladores se agregan al trágico cortejo, hasta arrojarla en el agua. En este momento empieza la batalla y comienza el juego con agua, en el que participa todo el grupo”.

Daria Hernández, Cecilia Fuentes. Fiestas tradicionales de Venezuela. Fundación Bigott, pg. 185 y 187.

Un hecho interesante es que el reconocido grupo las Sardinas de Naiguatá surgió de esta festividad (de allí que su nombre se derive). Su música ha traspasado las fronteras de este pueblo y de esta celebración escuchándose por todos los rincones de Venezuela y durante todo el año.

El carnaval es tan importante en Venezuela y en otros países latinoamericanos, porque marcó una manera existencial de ver, vivir y disfrutar la vida. Como lo expresa Celia Cruz en su famosa canción: “¡A! No hay que llorar, que la vida es un carnaval y las penas se van cantando”. Fuente: Muguett Aguilar… así es como es. Sabrosoo…

Prof. Vladimir Rodríguez

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